Secreto de confesion.

En el confesionarioAun recuerdo la primera vez que me confese. A pocos meses de cumplir nueve años estaba cursando el cuarto año de la primaria, habia llegado el momento de hacer mi primera comunión. Me tenia que confesar. La tarde anterior al evento fui a la iglesia en el horario en que el padre hacia confesiones y me forme en la fila con otros niños y niñas que se encontraban en mi misma situacion.

En el confesionario.Llego mi turno, me acerque a la silla que estaba a un lado del altar, me hinque junto a ella y mientras miraba al piso escuche el esperado “Ave Maria purisima”, conteste el esperado “Sin pecado concebida”. Me persigne y recuerdo haber sentido muchos nervios. Estaba a punto de decirle al padre  lo mal que me habia portado, cosas que nadie mas que yo sabia, bueno tambien dios, pero no me servia de consolacion. Se supone que debia empezar por el pecado mas grave, sin embargo yo empece con la parte fácil. A veces no le hago caso a mis papas, les miento o me quedo con algo del cambio cuando me mandan a comprar, a veces me porto mal con mis hermanas. Eso fue todo lo que se me ocurrió de manera rápida, bueno, cruzaron por mi mente otros pecados, pero seguramente esos eran veniales y no venían al caso. Era tiempo de continuar.

Me quede callado, no sabia como decir lo que tenia que decir a continuacion, lo que debí haber dicho en primer lugar. Como explicarle al padre que desde hacia algunos meses me masturbaba frecuentemente, no podia decir que estaba arrepentido, por que no lo estaba, que no lo volveria a hacer, por que sabia que era una mentira. ¿Se lo digo o no se lo digo? ¿Le dira a mis papas? No, se supone que no puede decirle a nadie lo que le confiese. ¿Sera eso cierto?

No podia dejar de pensar en estas y otras preguntas. Cuando por fin un impulso de determinación cruzo mi mente. Si se lo voy a decir.

Pero me sorprendí cuando no empece a hablar. A pesar de mi decisión, aun no sabia como decirlo ni por donde empezar. No se cuanto tiempo había pasado pensando todo esto, si el padre se canso de esperar o si se dio cuenta de la indecisión que seguramente había mostrado de algún modo, pero decidió ayudarme un poco.  “¿Es todo hijo?” me pregunto.  Con voz aun mas baja de lo que era mi intención, le conteste que no, pero continué sin hablar. El padre volvió a hablar “¿Tienes envidia o pensamientos malos para otras personas?”. Pensamientos malos, sera que eso cubre mi dilema, yo creo que no, bueno al menos una parte si, bueno, no importa, creo que ya con eso es suficiente. Rápidamente le dije al padre que si, que a veces también tenia pensamientos malos  de otras personas y que eso era todo. Me puso de penitencia diez padres nuestros y diez aves marías. Al día siguiente todo el evento  transcurrió normalmente. Algún tiempo después, en un par de ocasiones pensé si el haber comulgado de esa manera era sacrilegio o no, pero ya que importaba. No volví a pensar en eso y no volví a confesarme ni a comulgar los siguientes seis años. Cuando tuve que hacerlo obligado por el protocolo en un compromiso familiar.

Me pregunto que es lo que escuchan los sacerdotes en estas confesiones. Me pregunto si es verdad que no hablan de ellas con nadie. He leído que la pena en caso de hacerlo es la excomunión. Aun así me pregunto si existe algún modo de darle la vuelta a esta regla, si no comparan historias entre ellos al menos las cosas graciosas o ligeras que oigan durante la confesión, si el conocer los secretos de las personas devotas los hace sentirse de alguna manera superiores a ellas, si tienen un limite moral o emocional que los pueda llevar a no poder escuchar mas las penas y pecados de su  comunidad.

Hasta que punto pueden ser responsables sobre la información que reciben. He leído de casos de sacerdotes que van a prisión por complicidad al no querer romper el secreto de confesión de algún criminal, he leído de casos en que el sacerdote rompe este secreto para ayudar a la autoridad. La política de la iglesia es el secreto total y absoluto en todos los casos, incluso cuando el pecador no muestra ningún arrepentimiento, aun cuando esta informacion pueda servir para capturar a algun ladrón, secuestrador, asesino, defraudador o cualquier tipo de criminal buscado por las autoridades, incluso cuando podria evitar crimenes a futuro.

Esta es una política que es difícil de justificar en muchos sentidos y sin embargo nadie habla sobre ello. Puede ser posible que la iglesia católica a través  de sus sacerdotes tenga conocimiento de muchos criminales que confiesan sus actos, buscando perdón y refugio en sus creencias. Estén arrepentidos o no, sean perdonados o no, los sacerdotes tienen ordenado por la iglesia nunca hablar de ello, por lo que en mi opinión son de alguna manera cómplices e indirectamente responsables de las acciones cometidas por estas personas por la negligencia a denunciarlas ante las autoridades competentes.

Me pregunto por que la gente toma este sacramente tan en serio. Sera mas por el efecto terapéutico que el confesar tus malas acciones tiene, o sera por que en realidad generan dentro de si mismos un exagerado sentimiento de culpa del que continuamente buscan escapar. Cualquiera que sea el caso, el sentimiento generado al tener el perdón de dios, a través de un sacerdote, palidece enormemente, comparado con un sincero perdón otorgado por la persona a la que de algún modo lastimaste, ofendiste o engañaste. Si este perdón no se te ha dado, muchas veces, el vivir tomando responsabilidad por tus acciones  y aceptando las consecuencias de tus actos es un castigo mas grande que miles de padres nuestros y aves marías pueden hacerte sentir.